DESIDIA

Una moneda al aire.

Un golpe en los oídos.

En la habitación
desolada,
arranco los flecos
de mi mente
Proyectada.

El metal agujereado,
a mis pies,
me implora la
eutanasia.

El cobre fundido,
a mi cabeza,
salpica la lampara
que me alumbra.

Las preguntas me
Aturden.

Pensaré
mientras acompaño
el mando
al contenedor.

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