AMANTE AUSENTE

A veces, con los ojos
cerrados, la veo
bajo la mesa.

En mis ojos, aros
de cebolla
centellean.

Su sincera sonrisa
me habla de
lo que vieron sus
cuencas yermas.

Tranquila,
me espera.
Vuelvo la cara,
pero sigue ahí,
de nuevo SONRIENTE

parece susurrar
una triste canción,

Y como Ulises,
irremediablemente,
me dirijo hacia ella.

A veces, con los ojos
abiertos, no la veo,
pero sé que me espera,
ahí enfrente,
sobre el gris metal
de la balanza.

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